Aprendizaje en el Confinamiento: Madres e Hijos

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Hacinamiento escolar: Un indicador a seguir.
  
MAY
20
2020
Erick Avilés Morelia, Mich. La suspensión de clases presenciales en México fue una medida necesaria y prudente, pero definitivamente también fue precipitada, por la histórica falta de previsión de parte del estado mexicano y sus autoridades, quienes nunca se dieron a la tarea de elaborar un currículo de emergencia ni tampoco de proveer las condiciones necesarias para el aprendizaje a distancia. Los costos de la improvisación gubernamental se están socializando, recayendo principalmente en los padres de familia, estudiantes y maestros, quienes han tenido que absorber el precio de las omisiones en materia de política pública.
La nueva escuela mexicana en línea no solamente los ha sorprendido e interpelado, sino que los ha atiborrado de nuevas responsabilidades, ya que en aras de continuar con el Ciclo Escolar 2019-2020 se determinó una estrategia a distancia que está muy alejada de lograr, tanto la constitucional cobertura universal como los resultados que la escuela presencial suele brindar.
Es un hecho, mantener el confinamiento nos está costando mucho esfuerzo, pero vale la pena con tal de alcanzar los objetivos de la Jornada Nacional de Sana Distancia. Con redoblada razón, el regreso a las aulas debería de ser sumamente planificado, efectivo y centrado en que los derechos de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes sean una realidad que prevalezca sobre cualquier interés particular. Sin embargo, el actual planteamiento de dos etapas para el cierre del ciclo escolar constituye un edificio de dos pisos donde la cimentación se perdió, la planta baja es virtual y del segundo piso no existen condiciones aún para determinarlo. Debe de afinarse esta medida.
La estrategia educativa para el confinamiento ha recibido muchas observaciones y críticas, por no terminar de definirse muchas aristas ni por lograr cubrir los atributos constitucionales para la educación. Lo que para el gobierno fue un acto de autoridad a sostenerse, para la triada conformada por maestros, padres de familia y estudiantes constituyó simplemente más trabajo y esfuerzo adaptativo por realizarse.
Pero el esfuerzo por conmemorar a los niños del ayer, a las madres que se sacrificaron por sus hijos y a los maestros heroicos es lo que realmente falta en estos momentos. Es decir, hacer empatía para aprender de las niñas y niños, de sus madres y de sus maestros. El calendario sitúa con apenas dieciséis días de diferencia los días dedicados a visibilizar, conmemorar y reconocer a los niños, madres de familia y maestros. Como una consecuencia del confinamiento, para millones de mexicanos los tres días mencionados serán prácticamente iguales, en donde lo mejor que podemos hacer para festejar es escucharlos, comprenderles y visibilizar sus esfuerzos para hacer causa común con las reivindicaciones aún pendientes, en torno a sus derechos, a sus necesidades, aspiraciones y a su situación laboral.
Derivado del confinamiento, el 30 de abril pasó con un bajísimo perfil a diferencia de lo que solía ocurrir en años anteriores. El Día del Niño no motivó festivales en las escuelas ni entrega masiva de dulces y pelotas de hule en comunidades marginadas por parte de los políticos. Solamente quedaron en la estela algunas acciones aisladas del gobierno y unas pocas golosinas visuales teledirigidas hacia el público infantil.
Pero precisamente esa falta de celebración es la que ahuyentó la cortina de humo que suele obnubilar el análisis respecto al esfuerzo insuficiente que hemos hecho por la niñez en Michoacán. Primeramente, instituciones que sostenemos colectivamente como el gobierno, empresas, iglesias y muchos otros actores les han quedado enormemente a deber, a pesar de apalancarse, legitimarse y sostenerse de ellos. La actual será una generación que estará marcada por una situación inédita en la historia de la humanidad.
La falta de alguien que guíe su aprendizaje como lo hacía el maestro en el aula está siendo resentida por los estudiantes, a la par que la falta de la convivencia con los amigos y compañeros, tanto en el aula, como en las instalaciones recreativas y deportivas de los planteles o al salir de las escuelas. La escuela solía ser el espacio donde se realizaban actividades, se convivía, se estaba y se participaba conjuntamente en pro del aprendizaje, lo cual ha resultado imposible de sustituirse y las políticas públicas en materia educativa no han logrado ni la integralidad ni la universalidad que al menos le brinde un sucedáneo a la totalidad de los estudiantes.
Como una muestra de abandono institucional, estamos ya en la quinta semana desde la reanudación del Ciclo Escolar 2019-2020 en Michoacán, con la implantación de la Nueva Escuela Mexicana en Línea, inaceptablemente aún no se han dado a conocer las cifras en torno al regreso a clases.
Es decir, en Michoacán aún no sabemos cuántos estudiantes del total de la matrícula michoacana están en comunicación con sus maestros y por cuales de las cinco vías de comunicación establecidas entre maestros y estudiantes: el aprendizaje con el libro de texto y el apoyo directo de los maestros y maestras, la programación de televisión educativa y la de experiencias, los materiales y las estrategias de formación en línea, incluyendo la estrategia Google para Educación, la programación de radio, especialmente en radio comunitaria e indígena y los cuadernillos elaborados para los estudiantes en situación de mayor dispersión y menos conectividad. Además, a la fecha no se conoce cuántos estudiantes si están enviando evidencias de aprendizaje o si tienen dificultades de alguna índole para tales efectos.
Las estadísticas oficiales respecto a la comisión de delitos contra la familia, revelados el pasado 20 de abril por la Coordinación Nacional de Seguridad Pública, donde se evidenció que marzo fue el peor mes del año en la comisión total de delitos contra la familia, al pasar de 85 en enero y 84 en febrero a 131, respectivamente. La sumatoria total tuvo como principal factor en esa impresionante elevación el delito de violencia familiar, que pasó de 78 actos delictivos denunciados en enero, 71 en febrero a ser de 120 en marzo. A reserva de la estadística oficial que se publicará el próximo 20 de mayo, ya es clara la situación de violencia que se está viviendo al interior de los hogares michoacanos.
Es en ese contexto en el que los niños son los grandes olvidados y víctimas de las circunstancias de sus propios hogares, paradójicamente. Situación que se ha exacerbado en esta etapa de resguardo. Hoy, se encuentran confinados y prácticamente a merced de la violencia doméstica, sumándose al hacinamiento preexistente habernos llevado trabajo y los deberes de la escuela a nuestros hogares. En el espacio vital infantil se enclavaron el trabajo en casa, lo cual implica que haya una oficina o un taller improvisados en las viviendas, a lo que se aunaron las labores de la escuela y aparecieron o elevaron su presencia el estrés tóxico y la violencia, la ansiedad y los problemas de convivencia como grandes barreras para el ejercicio pleno de su derecho a aprender. Más aún, distractores como las actividades lúdicas que pueden estar realizando los demás integrantes de la familia, como escuchar música, emplear algún área como gimnasio o incluso como café virtual dificultan la concentración. Ahora los padres trabajan, hacen ejercicio, tienen reuniones virtuales con sus amigos y compañeros de trabajo en las casas, lo cual acota aún más la convivencia entre la familia y vuelve sumamente difícil desarrollar el aprendizaje señalado en el programa de estudios oficial respectivo.
Esperemos que el paso del 30 de abril haya hecho conciencia en nosotros y realmente redoblemos esfuerzos por conmemorar las incontables heridas que una sociedad adultocéntrica ha infligido a la niñez del ayer y del presente, mediante un cambio cultural y social perdurable que implique mejores procesos, relaciones y condiciones para que tengan garantizados sus derechos y sean letra viva en cada una de sus respectivas biografías.
Paralelamente, el 10 de mayo, Día de la Madre fue otro día que pasó con un bajo perfil. Mucho más allá del reconocimiento ausente, gravitarán sobre de ellas las enormes dificultades que implica convertirse en acompañantes y líderes en el aprendizaje de sus propios hijos, muchas veces sin poseer la formación académica necesaria para emprender tal labor, a la vez que proveer las condiciones para brindarles la posibilidad de aprender a sus vástagos, incluso hasta el soporte técnico que requieren sus hijos en casa para el empleo de dispositivos electrónicos para la educación a distancia.
Como una consecuencia nefasta del sistema patriarcal imperante aún en muchos hogares de nuestro país, las madres de familia están en su mayoría siendo quienes terminan haciendo las tareas de sus hijos. Los grupos de Whatsapp de padres de familia se han convertido en redes de apoyo y terapia grupal. Mientras el mundo de los niños se ha reducido a sus casas, las responsabilidades y tareas se han concentrado para muchas madres de familia, debiendo superar toda clase de adversidades que arrinconan las condiciones para el aprendizaje en casa. Entre ellas, destaca la pobreza en los hogares, incluyendo la alimentaria, la cual es la más extrema de las modalidades de este flagelo. Muy difícilmente una familia que padece pobreza tendrá condiciones para ejercer su derecho a aprender.
Aunado a lo anterior, las carencias en la infraestructura, conectividad y equipamiento tecnológico en los hogares mexicanos, así como la falta de condiciones propicias para la concentración y el aprendizaje en los hogares, como el silencio, la armonía, iluminación adecuada entre otros factores.
Además, el hacinamiento ya preexistente en una enorme mayoría de hogares, especialmente en las viviendas de interés social que hoy resultan insuficientes para la sana convivencia de sus habitantes, por lo que la violencia, el estrés, la ansiedad y las dificultades de entre las familias se han incrementado. Esto puede exacerbarse debido a la presencia de malos hábitos, contracultura, antivalores, adicciones y farmacodependencias, así como enfermedades presentes en alguno de los integrantes del núcleo familiar.
En suma, ni las madres ni los niños se encuentran en un lecho de rosas. Están librando sus respectivas batallas por sobrevivir en una profunda interpelación que recibieron a su vida cotidiana. Es tiempo de reconocer y valorar el enorme esfuerzo que constituye hoy ser niño o madre en las circunstancias actuales.
Es muy importante el esfuerzo que podamos hacer socialmente para romper el sistema patriarcal, que lleva a la madre, como la primera maestra de cada ser humano a realizar trabajo gratuito a raudales sin reconocimiento alguno. Tal vez sea el primer gran aprendizaje vital que debemos de asimilar socialmente durante esta pandemia. Levantemos la mirada, observemos, empaticemos, actuemos con enorme responsabilidad y permitámonos estrechar redes y lazos con las madres e hijos de México, quienes luchan también por el derecho a aprender sin la visibilidad ni el reconocimiento que se merecen. Mucho mejor, sería compartir responsabilidades desde el hogar y desde la función pública, permitiendo que reine el valor de la igualdad en las actividades en el hogar y generando políticas públicas que rompan el cerco del patriarcado.
Estemos prestos a la etapa de desconfinamiento, para que sea, mucho más que una desescalada, la construcción de una nueva sociedad. No tenemos que esperar a que pase la pandemia para reconocernos como semejantes con las madres e hijos de México, ni tampoco para sumarnos por el derecho a aprender. Empecemos en nuestros hogares y exijamos que estén listas las condiciones debidamente dispuestas y planificadas para el momento del regreso a clases presencial.
Sus comentarios son bienvenidos en eaviles@mexicanosprimero.org y en Twitter en @Erik_Aviles


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