El chantaje

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ENE
17
2018
Daniel Ámbriz Morelia, Mich. De la forma más simple, la amenaza a cambio de algo se llama chantaje, y lo podemos observar en distintos ámbitos de la vida, para que se pueda dar se necesita el empoderamiento de una de las partes y el debilitamiento de la otra, esta circunstancia puede darse por amor, por negocio por conveniencia, e incluso, se puede dar por acuerdo. El chantaje puede ser de varios tipos, entre ellos destacan, el chantaje económico, el político y el emocional; muchas veces, se encadenan los tres.
Es muy común observar el chantaje en la familia como recurso para la obtención de algo que se desea cuando uno de sus integrantes amenaza a los otros con hacer algo que puede ser considerado como grave o de lamentarse si no se le otorga un beneficio al chantajista, generalmente, la debilidad para tal concesión surge de la fragilidad emocional de una de las partes, de una falla o de una necesidad utilizada como moneda de cambio. De cualquier forma, existe un sometimiento por capricho o por deseo de una de las partes hacia la otra, las consecuencias de esto suelen ser muy graves por romper con la armonía, trastocar el orden y terminar con la confianza, el grado del daño depende de la perversidad con la que se actúe. El chantaje emocional por lo general se cristaliza en algo material, pero también, en concesiones que van más allá de lo que las reglas o las costumbres familiares permiten.
Más allá de la familia o del círculo del trabajo, podemos dar cuenta del chantaje de tipo político, muy utilizado en nuestros días, lo podemos ver en el gobierno, en las organizaciones sindicales, en los partidos políticos y en las agrupaciones sociales, entre otros. En el ámbito social, el chantaje se practica como un negocio que deja dividendos para beneficio de las partes involucradas, en ese intercambio, puede mediar el abuso, la corrupción, el miedo y la deshonestidad, entre otros factores; dejando también, severos daños colaterales por esta nociva manera de conseguir las cosas.
En el ámbito político cuando se practica el chantaje como método para conseguir algo, quedan seriamente dañadas las instituciones de carácter público, el presupuesto, la honorabilidad de las personas y las normas para la convivencia social. Arrancar algo por la fuerza, en muchos casos, implica privar de un bien o de un servicio a quienes por derecho les corresponde, un modelo así, hace a un lado la ley, le da entrada de lleno a la corrupción y abre la puerta a la impunidad.
Para no ser rehén de nada y de nadie, se debe contar con una solvencia moral sólida que impida cometer un acto indebido, o en dado caso, poder resistir la embestida de quien utiliza el chantaje por sistema. Es necesaria también, una visión clara del papel que se desempeña y de la responsabilidad que se tiene a cuestas. Tomando como ejemplo a un funcionario público que forma parte del gobierno, debe pensar en la equidad que debe darles a todos los actos para gobernar bien y saber aplicar la ley cuando sea necesario.
El pésimo humor social es propicio para someter a los demás valiéndose del chantaje emocional, por eso, la estrategia de hacer enojar a la gente mediante el bombardeo de propaganda basura, puede funcionarle a quien promueve la generación de este caldo de cultivo de inconformidades, encono y rencor social. La sociedad necesita serenarse y evitar ser receptiva al acoso de información falsa y resistirse a la manipulación que se da por las redes sociales y otros medios de comunicación. Dudar de todo, investigar, contrastar fuentes de información y leer buena literatura, puede ayudar al ciudadano común a contentar su espíritu para poder tomar mejores decisiones en su vida.
Terminar con el chantaje como forma de vida, es una necesidad ética que nos puede permitir disfrutar de una vida social más justa y en armonía. El chantaje como negocio envilece tanto a quien lo practica como a quien lo permite. Por ser una práctica ruin debemos desaparecerla y como no es unidireccional, nos corresponde a todos jugar la parte que nos corresponde para ponerle fin.


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