La tos rompe el silencio

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AGO
03
2020
Ignacio Martínez Morelia, Mich. El silencio al traspasar la puerta e ingresar a la zona de pacientes con Covid-19 en el Hospital de IMSS Camelinas 83 de Morelia se rompe justo cuando se escucha la tos de los enfermos.
El Hospital fue acondicionado desde hace varios meses para atender exclusivamente pacientes con Covid 19, se planearon todos los detalles para dar atención a los derecho habientes.
Una vez dentro de la sala se pueden observar las angustiosas miradas de los pacientes al ver entrar al personal con sus uniformes, los trajes, las máscaras, la imaginación podría llegar hasta entrar con una especie de traje de astronauta que impida el paso del mortal virus a los trabajadores de la salud.
La mirada de angustia de los pacientes se confunde con la súplica de ayuda, intentado pedir agua o alguna respuesta sobre su evolución, dentro de los "trajes de astronauta" es imposible para los pacientes determinar quien es médico, enfermero, asistente, alguien que lleva la comida o simplemente alguien que vaya a arreglar un equipo.
Hay muchas preguntas de los pacientes, algunas imposibles de entender, pero casi todas se refieren a su evolución, a lo que sienten o si se pueden comunicar con el mundo externo para hacerles saber a sus familiares su condición.
Por momentos sus ojos reflejan miedo cuando ha muerto el paciente que estaba de vecino, en una cama contigua y que observan en silencio como preparan una mortaja para que finalmente salga de la estación covid, pero muerto.
Hay otro momento de particular angustia para el personal de salud y obviamente para los pacientes y familiares.
"Cuando son llevados a internar y se despiden de su familiar con lágrimas en los ojos, tal vez con un último abrazo y algunos piden hasta la bendición, porque no saben si saldrán vivos o muertos".
La mayoría de los pacientes no plática entre ellos, no hay momento, ni las condiciones,
muchos están boca abajo y todos con las puntas nasales haciéndoles llegar el tan necesario y vital oxígeno.
Y en el pabellón de los más graves hay un silencio total ya que todos están intubados o con traqueotomía(un corte sobre su cuello que les permite ingresar un pequeño tubo que lleva oxígeno), solo se escucha cuando la enfermera pide medicamentos que les tiene que administrar, se escuchan también los sonidos y pitidos de los monitores o respiradores artificiales, acompañando los quejidos de los pacientes, aunque en realidad todos están sedados en el pabellón de los más graves.
Son jornadas extenuantes de al menos cuatro horas metidos en los "trajes de astronauta", imposible ir a realizar sus necesidades fisiológicas, imposible tomar agua, hay que esperar a salir del lugar.
La salida es muy tensa por el miedo de cometer un error al desvestirse y poderse contagiar, en algunos casos llegan a tener un monitor que les ayuda a desvestirse, evitando en todo momento poder contagiarse del virus.
Cuando estás en la ducha me dice una de mis fuentes, te vienen a la mente todos los rostros tristes que viste y piensas si al siguiente día que entres los volverás a ver o habrá un nuevo paciente que ocupará esa cama.
"Cuando sales y te miras al espejo para peinarte, te reflejas y miras tu rostro todo marcado por el uso del cubre bocas o con la máscara que cada quien ha comprado para mayor protección. Los estragos del cubre bocas son muy notorios en los compañeros y en ti mismo".
Culmina la experiencia:
"Y la próxima vez que entras se repite esa misma historia, esperando que en los próximos 15 días que vuelvas a entrar no tengas signos de Covid o algunos de tus compañeros estén enfermos".
"Antes de entrar hago una Oración, para pedir a Dios su protección y pienso en mis hijos y en mi esposa para llegar sano y no poderlos contagiar", me confiesa uno de mis buenos amigos que ha tenido el valor de platicarme la historia, sigue existiendo el miedo ante las represalias de la Delegación del IMSS, el perder su empleo o inclusive su plaza por dar a conocer "los secretos de adentro del Hospital Camelinas".
Hay otros trabajadores que me han confesado duermen separados de su familia con la esperanza que está pandemia termine pronto.
Hasta hoy por cierto hay cero contagios de trabajadores en el Hospital de Camelinas producto del cuidado extremo que tienen, aunque hace un par de semanas les llegó un directivo contagiado, pero contagiado en Charo, donde las cosas son distintas, hay al menos 100 trabajadores que se han contagiado.
Son unos valientes sin duda mis compañeros trabajadores de IMSS Camelinas 83.
Gracias a las enfermeras, médicos, personal de nutrición y de mantenimiento que me han dejado escuchar y transmitir sus tristes experiencias.



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