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2020
Julio Santoyo Morelia, Mich. Pocos saben que Michoacán participa con alrededor del 94 % del total de la resina vegetal que se produce en el país. Casi todos saben que nuestro estado genera alrededor del 85% del total de la producción aguacatera del país. Y también saben que poco menos del 50 % del total de las hectáreas cultivadas con este fruto son ilegales y se han hecho a costa de sacrificar bosques y aguas. Muy pocos saben que la actividad económica resinera es una actividad implicada obligadamente en la preservación de los bosques. Aún menos sabes que el control del mercado nacional lo controlan unas cuantas empresas cuyo poder les alcanza para imponer precios miserables a este producto vital para diversas industrias.
Todos debiéramos saber que la gran industria resinera obtiene enormes ganancias de este producto natural mientras que los productores, los dueños y los que trabajan en la recolección de la resina, están obteniendo ingresos raquíticos que están orillando a que esta actividad pueda perderse. Mientras las instituciones gubernamentales se desviven por apoyar el sistema producto aguacate y cierran los ojos ante el ecocidio que los inversionistas cometen todos los días, el producto resina literalmente no existe en la agenda promocional del gobierno permitiendo que la manipulación del mercado coloque a los productores como sujetos de expoliación permanente y extrema.
Mientras el producto aguacate se expande hoy con libertad perniciosa y principalmente sacrificando al medio ambiente y el derecho al mismo de la población, el producto resina debe su existencia al cuidado y reforestación de los bosques. Prácticamente son dos actividades que juegan en polos opuestos. El aguacate ilegal -más del 40 % de lo cultivado en el estado lo es-, choca frontalmente con la actividad resinera; mientras menos bosques menos resina y más familias desplazadas de este trabajo, una actividad que por cierto, aporta el 66 % de los ingresos de las familias serranas.
El producto aguacate es mimado y consentido por políticas públicas gubernamentales que contribuyen a su promoción, a su financiamiento, a la generación de acuerdos comerciales que beneficien su valor y hasta por un sistema muy discreto de perdón legal que alienta su voracidad para rapar montes acaparar aguas y contaminar a discreción. La acelerada e irreversible pérdida de bosques en los últimos años es ejemplo de ello.
Es el mundo al revés, se estimula y aplaude un sistema que lleva al ecocidio, que terminará colapsando al estado y a la misma producción aguacatera, y se ignora una actividad que lleva y obliga a la conservación de los bosques y por la cual, gracias a ella, se ha establecido cierto freno al cambio de uso de suelo.
No se puede hablar de economía sustentable y sostenible en Michoacán mientras la visión imperante sea el apoyo a prácticas económicas que destruyen el entorno medio ambiental y se ignora aquellas, que por su naturaleza, contribuyen a su preservación.
Es preciso que las entidades gubernamentales correspondientes pongan atención a la producción resinera y generen prioridades. Precisando, no tanto sobre los industriales de la resina, que tienen buenas ganancias gracias a la compra y procesamiento de este producto, sino atención a los dueños de bosques, ejidos, propiedades comunales y pequeños propietarios, que son el eslabón más débil de esta cadena productiva y sobre quienes ha recaído la contención natural de la expansión aguacatera y pieza clave para el aprovechamiento adecuado de los bosques.
Michoacán debiera sentirse orgulloso por aportar ese 94 % de la producción resinera nacional, pero sobre todo porque gracias a esa actividad los trabajadores del monte han resistido para evitar la pérdida de lo queda nos queda de bosques. En justa correspondencia el gobierno debería desarrollar una estrategia que alentara esta actividad: primero, reconociendo la recolección resinera como parte de un sistema sustentable y sostenible amigable con el medio ambiente; segundo, apoyando en la búsqueda de mejores y diversos mercados nacionales e internacionales para el producto resina-Michoacán, buscando dignificar los ingresos de productores y recolectores; tercero, poniendo a disposición de los productores innovaciones tecnológicas para la cosecha de resina, y; cuarto, ampliación y fortalecimiento de programas de apoyo para el cuidado y aprovechamiento sustentable de los bosques.
Sostiene el dicho popular que "nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido". Pero no es preciso que lo perdamos para hacer algo. No es preciso que perdamos lo que nos resta de bosques para actuar. El tiempo y la circunstancia son ahora, en este momento en que los productores de resina enfrentan una crisis por el desplome del precio de su producto que puede precipitar también la pérdida de más bosques. Una de las cuatro acciones propuestas, aplicada ahora, puede salvar la crisis: la búsqueda y realización de mercados alternativos para colocar este producto: el producto-resina Michoacán, producto gracias al cual siguen en pie los bosques michoacanos y razón loable, con base en la cual, debiéramos atraer compradores comprometidos globalmente con el medio ambiente.


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