Peor que antes

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JUL
27
2015
Julio Santoyo Morelia, Mich. Como casi ya es costumbre histórica, las promesas de bienestar, empleo, abundancia, paz, progreso, justicia social, se están esfumando vertiginosamente a la mitad del sexenio. Parece que esta película ya la vimos antes. Es la misma trama, con otros actores y con otro título. Es López Portillo con el cuento de "administrar la abundancia" para terminar en el hoyo; es Miguel de la Madrid con "la revolución moral de la sociedad" para terminar enfangado en la corrupción; es Carlos Salinas adelgazando el Estado y engordando magnates haciendo populismo con la pobreza; es Ernesto Zedillo hablando del "bienestar de la familia" para terminar anulando el patrimonio de la clase media y pronunciando y ampliando la pobreza de millones con el "error de diciembre"; es Vicente Fox con su "gobierno del cambio" que terminó por no cambiar nada más que el nivel de frivolidad.
Parece que estamos condenados a repetir la maldición. "Mover a México" está siguiendo la misma costumbre. El optimismo de las grandes reformas estructurales para transformar al país que se acordaron en el Pacto por México se ha esfumado, sólo queda en la publicidad oficial. Los datos del Coneval dados a conocer en el transcurso de la semana pasada confirman lo que se apreciaba a ojos vista: la pobreza se ha incrementado, la clase media está siendo desmantelada, la economía no crece, la inversión industrial se paraliza, la diferencia cambiaria no ha atraído las inversiones, el empleo informal ha crecido, la riqueza se acumula en un reducidísimo grupo social, principalmente ligado a la especulación financiera. En pocas palabras, si "el gobierno del empleo" de Felipe Calderón había dejado cuestionables indicadores, el de "mover a México" de Enrique Peña, ha sido puntual, ha destruido lo poco bueno que se había heredado de la relativa estabilidad económica de la pasada década.
La adversidad de resultados de la estrategia compromete la viabilidad del gobierno federal en la segunda mitad del sexenio. El problema es que hasta ahora no se percibe que disponga de un plan B. Toda la apuesta está echada sólo y exclusivamente a los dones que puedan propiciar las reformas estructurales, no tienen más. Y el problema es grave porque a la gente no le convence la promesa de que las grandes reformas traerán buenos resultados para su mesa y su bolsillo dentro de algunos años imponiéndoles en el presente la realidad de apretarse el cinturón y conformarse con malos empleos para sus hijos, menos bienes en su canasta básica, limitarse en el acceso a servicios y abandonar la condición económica que habían alcanzado en los últimos años. Esa historia es repudiable se ha escuchado amargamente muchas veces.
Otra vez las clases medias, los trabajadores, los más vulnerables, volvimos a perder. Otra vez los que demasiado tienen, los muy pocos, volvieron a ganar. Como en aquella vieja serie crítico-cómica ochento-noventera de Víctor Trujillo y Ausencio Cruz, "Lástima Margarito", el sinsabor puede ser menos porque de consolación tienes 10 segundo para bailar con la modelo del programa, es decir, hacerte sentir el protagonista de las grandes transformaciones del país que la televisión publicita.
El fracaso de la estrategia es inocultable. Se suponía que habría menos pobres; se suponía que se incrementarían las clases medias porque aumentaría el consumo; se suponía que se crearían miles de empleos y las rentas petroleras llegarían generosas a las arcas del Estado; se suponía que la nueva hacienda permitiría una mejor justicia distributiva; se suponía que alcanzaríamos la paz y la seguridad. Pero el resultado que tenemos es justamente lo opuesto.
Es preocupante que ante el fracaso no haya una brizna de autocrítica del gobierno federal y ninguna intención para cambiar la estrategia y el gabinete que lo lideró. Ya no sorprende tanto que los partidos políticos representados en el Congreso de la Unión no denuncien y reformulen la agenda que debe seguir México en el futuro inmediato para evitar seguir hundiéndonos, su insensibilidad y distanciamiento social son ya proverbiales. Nuevamente seremos los ciudadanos quienes tengamos que alzar la voz. Mínimo deberían aplicar al gabinete federal la penalización laboral que ellos con entusiasmo piensan aplicar a los maestros que no hagan bien su trabajo, poner a sus a integrantes a barrer y trapear.
Hasta ahora el único y verdadero movimiento que le están imponiendo a México con las grandes reformas, más allá del discurso publicitario, el que exponen los datos del Coneval, es el del retroceso. Es imposible aceptarlo, estamos peor que antes.


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