Carlos Alcaraz jamás ha ocultado su ambición por ganarse un lugar entre los mejores jugadores de la historia del tenis. Por si no estuviera ya sentado en la mesa de los grandes tipos, como una vez les llamó, acaba de ganarse una posición destacada entre las mayores leyendas de todos los tiempos.
Este domingo, con apenas 22 años, Alcaraz se convirtió en el hombre más joven en completar el Grand Slam tras vencer a Novak Djokovic en la final individual del Abierto de Australia. Es el sexto hombre de la Era Abierta — y el quinto miembro del Club No. 1 ATP — capaz de ganar los cuatro títulos de Grand Slam en al menos una ocasión. Un hito que el español había situado entre sus principales objetivos y, desde ahora, un logro que destaca como una de las principales gestas de su joven carrera.
Para alguien que parece disfrutar cualquier momento en pista, incluso en mitad de un episodio de calambres como el vivido ante Alexander Zverev en las semifinales, esta carrera hacia la historia muestra una ambición absoluta bajo su permanente sonrisa.
El camino de Alcaraz hasta el título del Abierto de Australia contiene todos los ingredientes que hacen del No. 1 del ATP Rankings alguien tan especial.
Primero, su tenis. Alcaraz es intocable a su máximo nivel, con una combinación letal de potencia, variedad y un maravilloso tacto — virtudes que le permitieron encadenar 17 sets de forma consecutiva desde el inicio del torneo en Melbourne.
Además, está su virtuosismo. Alcaraz no se limita a ganar, lo hace con estilo. Su tercera ronda ante el también espectacular Corentin Moutet fue la actuación más destacada a este respecto, con golpes entre las piernas, innumerables globos y dejadas coloreando cada detalle del partido