Ávila en España y Morelia en México hermanadas por la lengua, las letras y la escritura. (Primera parte).
Jesús Ma. Sanchidrián Gallego, 16/01/2022

Ávila en España y Morelia en México hermanadas por la lengua, las letras y la escritura. (Primera parte).
Ávila, España
La lengua que comparten las ciudades hermanadas Ávila y Morelia se convierte en un extraordinario medio de comunión cultural entre ambas, del que ahora nos servimos para descubrir identidades afines.

El vínculo de unión entre ellas lo encontramos en los más diversos textos y géneros que formaron intelectuales, escritores, poetas, filósofos, historiadores, antropólogos, juristas, cronistas, viajeros y críticos de arte, entre otros, a los que relacionamos en esta narrativa con la escritura y las letras abulenses y mexicanas.

Compartir la misma lengua significa también compartir una parte de la misma historia y la misma cultura. La lengua común facilitó que los escritores españoles que arribaron a México dejaran allí su impronta creativa, mientras que autores mexicanos también encontraron en España motivos de inspiración.

Entre ellos, nos detenemos en los que convirtieron la tierra abulense y mexicana en su "locus standi", en el lugar de estancia desde donde contemplar el mundo y la pasión para juzgarlo, que diría Santayana.

Sus testimonios y escritos de ida y vuelta nos sirven en este instante pasional para trazar el imaginario literario de sus vidas y la querencia que dejaron en Ávila y Morelia.

Así mismo, no olvidamos en la crónica de este viaje la influencia del humanista Vasco de Quiroga, el abulense de Madrigal de las Altas Torres, verdadero protagonista de muchos de los textos y las composiciones que relatamos, si bien dejamos para otra oportunidad la rica y abundante historiografía existente sobre su figura.

En este itinerario libresco que iniciamos a través de la escritura de los que tomaron la palabra y la pluma en Ávila y en México por Morelia y Michoacán, trazamos una ruta cronológica a través de distintos textos de materias diversas en la lengua que nos une, los cuales dan fe, a pesar de la distancia, de especiales lazos de amistad que merecen ser redescubiertos.

La larga lista que hemos elaborado suscita numerosos puntos de encuentro, como atestiguan los testimonios sobre Tomás Moro, Vasco de Quiroga, Santa Teresa, Cervantes, Sor Juana Inés de la Cruz y Gil González Dávila; los cuales hilamos con Almudena Grandes, Luis García Montero, Arturo Azuela y Juan Geltman es esta primera parte del reportaje que nos ocupa, antes de hacerlo con autores modernistas y otros del exilio acogidos por la Casa de España en México.

El primer libro que anotamos entonces no puede ser otro que Utopía, de Tomás Moro (1478-1535), cuyo título original del latín es "Librillo verdaderamente dorado, no menos beneficioso que entretenido, sobre el mejor estado de una república y sobre la nueva isla de Utopía" escrito en 1516-1518, donde el autor concluye:

«En Utopía, como todo es de todos, nunca faltará nada a nadie mientras todos estén preocupados de que los graneros del Estado estén llenos. Todo se distribuye con equidad, no hay pobres ni mendigos y aunque nadie posee nada todos sin embargo son ricos. ¿Puede haber alegría mayor ni mayor riqueza que vivir felices sin preocupaciones ni cuidados?».

La obra cobra especial relevancia e importancia cuando se comprueba que Vasco de Quiroga (1478-1565), es el autor de la primera traducción completa en lengua castellana, según el estudio introductorio de Víctor Lillo Castañ para la última versión actualizada (Utopía, CEPC, 2021).

Y no solo eso, sino que, como de todos es sabido y se confirma en esta edición, una vez más, Quiroga, nombrado oidor (abogado y juez) de la Segunda Audiencia de México en 1530, llevó a la práctica la Utopía de Tomás Moro fundando el Pueblo-Hospital de Santa Fe en México-Tenochtitlan (1532) y otro en la región de Michoacán junto al lago Pátzcuaro (1533), se opuso a la esclavitud, reguló las encomiendas, organizó las comunidades donde no existía la propiedad privada, lo que producían los indígenas se distribuía de manera equitativa y las magistraturas que conformaban su sociedad se elegían de manera democrática.

Luego, en 1537 tomó posesión como obispo de Michoacán, y fue más obispo de los indios que de los españoles, y en el respeto que le merecían sus tradiciones mantuvo viva la lengua original de los tarascos y purépechas, idioma que utilizó en algunos de sus escritos.

Entre los textos de Vasco de Quiroga cabe citar "Doctrina para los nativos", "Sermones, reglas y ordenanzas para el gobierno de los hospitales de Santa Fe, México y Michoacán", Información en Derecho del licenciado Quiroga sobre algunas provisiones del Consejo de Indias (Manuscrito), y "Reglas y Ordenanzas para el gobierno de los hospitales de Santa Fe en México y Michoacán".

Son escritos avanzados sobre justicia social y organización política, y puesta en práctica de las teorías republicanas de Platón y las utópicas de Tomás Moro, tan revolucionarias para su época como lo fue "Ley perpetua" de los Comuneros reunidos en Ávila en 1520 al decir de Joaquín González-Herrero (La ley Perpetua: Fundamentos de una utopía", 2021).

Sin embargo, aunque sobre los títulos referenciados, y otros tantos que se ocupan de la vida y obra de Vasco de Quiroga, no nos detenemos ahora, ello no impide que citemos algunas publicaciones editadas en Ávila.

Entre ellas mencionemos "Vasco de Quiroga: Un pensamiento en acción" (IGDA, 2019), una adelanto del proyecto de investigación denominado "Entre dos mundos. Vasco de Quiroga, ayer y hoy; acá y allá" acometido por Pedro Tomé y Andrés Fábregas Puig en 20V, IGDA, 2014, y antes en "Historia de Ávila " (Vol. V, IGDA, 2014).

Igualmente, son destacables los trabajos de nuestro allegado Dr. Armando Mauricio Escobar Olmedo, Presidente de la Academia Michoacana de Historia Correspondiente de Morelia, autor, entre otros títulos, de "Don Vasco, el Oidor" (IGDA, 2016).

También anotamos, por su primicia en Ávila, el libro de viaje de Óscar Velayos Zurdo, que siguió las huellas de Vasco de Quiroga (Ayto de Madrigal - IGDA, 1992); lo mismo que el Diario de don Vasco, por su frescura juvenil, escrito por Raquel San Segundo (Imp. Marcam, 2004).

Estamos en Morelia, y aquí Vasco de Quiroga, el abulense que se hizo indio en Michoacán, y Miguel de Cervantes (1547-1616) son venerados como héroes.

Tanto que, al cumplirse el 406 aniversario en 1947 de la antigua Valladolid, ciudad que fundó el virrey don Antonio de Mendoza el 18 de mayo de 1541, por cédula real de doña Juana la Loca, se inauguraron en la Plaza de las Rosas de Morelia las estatuas sedentes de don Vasco de Quiroga y de Miguel de Cervantes Saavedra.

«El primer monumento recuerda la excelsa labor realizada por el ilustre oidor de la Segunda Audiencia entre los indios tarascos, y el consagrado al autor del Quijote se erige por la Universidad Michoacana con ocasión del IV centenario del inmortal escritor».

Con motivo de este homenaje, el escritor y poeta Jaime Torres Bodet, Secretario de Relaciones Exteriores, que en España formó parte de la Revista de Occidente y luego fue director general de la UNESCO, pronunció un emotivo discurso (Boletín de la Universidad Nacional Autónoma de México, mayo 8/1947):

Vasco de Quiroga y Cervantes son héroes de la cultura de nuestro idioma, héroes de nuestra verdad, héroes de nuestros sueños. Vasco de Quiroga fue «misionero de la promesa [de un mundo hecho no para comprimir y angustiar al hombre, sino para libertarlo y estimularlo] fue el insigne varón a quien nuestros indios llamaron padre, por la tarea evangélica que se impuso. Y, años más tarde, ¿qué fue Cervantes, sino un augurio de esa igualdad y esa libertad que suscitaron, después, nuestra independencia?»

Por otra parte, la figura de los oidores en México, cargo que ostentó Vasco de Quiroga, se cuela en el libro de Cervantes (Don Quijote, parte I, capítulo XLII):

«Iba [Pérez de Viedma] proveído para oidor a las Indias, en la Audiencia de México? [No siéndole] posible dejar el camino que llevaba, a causa de tener nuevas que de allí a un mes partía flota de Sevilla a la Nueva España y fuerale de gran incomodidad perder el viaje».

En Ávila, se ocupa de Cervantes el cronista de la ciudad Manuel Foronda, autor de "Cervantes viajero" (Impr. Fortanet, 1880); de la adaptación moderna del entremés "Los habladores" estrenada en 1880 en el Teatro La Comedia de Madrid; y de "Cervantes en la Exposición Histórico-Europea" (Lª Guttenberg, 1894).

Sin olvidar que en Ávila el ayuntamiento nominó con el nombre de Miguel Cervantes al grupo escolar inaugurado en 1912 en la zona sur; que el fiscal abulense Enrique Leyva y Suárez y P. Pedro Lumbreras O.P. publican "Ávila y el Quijote" con dibujos de Antonio Veredas (Impr. Senén Pérez, 1944); que Fernando Delgado escribe "El abulense Fray Juan Gil y el problema de la cautividad de Cervantes en El Quijote" (Temas abulenses, IGDA, 1974);

y que la ciudad celebró el IV Centenario de El Quijote en la Casa de las Carnicerías con la exposición "Medir sin metro: módulos de medidas en el Quijote" (Armando Ríos, aut.; y J.M. Sanchidrián, col. Ayto de Ávila, 2006), mientras que la Diputación provincial editó el libro "Ávila y Cervantes" (VV. AA., IGDA, 2006).

La capital abulense sólo se cita en el Quijote apócrifo del licenciado Alonso Fernández de Avellaneda: «Don Quijote, dijo al soldado le hiciese la merced de decirle su patria y nombre...- Yo soy, señor, de la ciudad de Ávila, conocida y famosa en España por los graves sujetos que la han horado y horan en las letras, virtud, nobleza y armas, pues en todo ha tenido ilustres hijos..." (cap. 14).

También en el último párrafo, se hace alusión al recorrido que sigue don Quijote por Castilla la Vieja sin escudero, visitando Salamanca, Ávila y Valladolid.

Sin embargo, la tierra de Ávila por El Tiemblo sí que se menciona en la segunda parte de El Quijote de Cervantes: «Me mandó fuese a tomar en peso las antiguas piedras de los valientes toros de Guisando, empresa más para encomendarse a ganapanes que a caballeros» (Cap. XV, "El Caballero del Bosque a Don Quijote, Caballero de la Triste Figura").

Volviendo a México, Don Quijote tornó a campear cuando su paisaje se convirtió en el escenario de la película inacabada de Orson Welles iniciado en 1957. Años después, en 1965, el genio de Welles filma en Ávila "Campanadas a media noche", después de haber declarado:

«Si pudiera elegir un lugar donde vivir sería España y en concreto Ávila».

Por otra parte, el mismo año que Welles rueda Don Quijote, Henry King lo hace en Morelia y Michoacán adaptando "Fiesta" ("The Sun Also Rise" ?Siempre Sale el Sol) que Ernest Hemingway había escrito en 1926.

En esta película el escenario moreliano sirve para recrear la ciudad de Pamplona en las fiestas de San Fermín, atractivo éste que motivó viajes por España de Hemingway en 1931 y en la década de 1950.

El escritor recorrió entonces la Sierra de Gredos parando en El Barco de Ávila durante un par de meses, y conoció Ávila atraído por los místicos y la ciudad amurallada del escritor y filósofo George Santayana, abulense de criazón (F. Romera y S. Sánchez Reyes, IGDA, 2008).

En estos días, el cine vuelve en el documental "La vida y obra de don Vasco de Quiroga", del que son sus autores Juan Carlos Díaz Morales y Norma Rosa Martínez, presentado en Madrigal de las Altas Torres el 30 de octubre de 2021:

«El documental es una nueva ocasión para profundizar en la gran figura histórica y religiosa del Tata Vasco, el creador de los Pueblo Hospital, con la utopía de la autosuficiencia, tan querido por los Purépechas en el esto de Michoacán y en tantas otras ciudades mexicanas» (Diario de Ávila, 4/11/2021).

Ya en el siglo XVII, entre los escribientes sobre los territorios que cultivó Vasco de Quiroga, aparece el cronista de Castilla y de Indias Gil González Dávila (1570-1658) que lo fue en tiempos de Felipe III y Felipe IV. González Dávila nació y murió en Ávila, donde también fue cronista ("Teatro eclesiástico de la S. Iglesia Apostólica de Ávila y vidas de sus hombres ilustres", 1606).

En su Crónica de Indias se refiere a Vasco de Quiroga reseñando que era natural de Madrigal de las Atas Torres, obispo de Michoacán y poco más. Si bien, a él se debe la publicación del primer mapa del obispado de Michoacán, realizado un siglo después de la Utopía de Vasco de Quiroga para glorificación de la Corona y la conquista y colonización de América (Teatro eclesiástico de la primitiva iglesia de la Nueva España, 1649).
Sin salir de la capital michoacana, nos detenemos en la extraordinaria figura de Sor Juana Inés de la Cruz (Nepantla, Tepetlixpa, 1648 - Ciudad de México 1695), una excelente escritora, religiosa jerónima y gran poetisa, como su homónimo el poeta abulense San Juan de la Cruz:

«En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas?/ ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento/ poner bellezas en mi entendimiento/ y no mi entendimiento en las bellezas?».

Y en Morelia, uno de los sesenta y dos centros universitarios de su extenso campus lleva el nombre de "Universidad Sor Juana Inés de la Cruz", igual que otra en Ciudad de México se llama "Universidad del Claustro de Sor Juana". Lo mismo que en Ávila funciona la "Universidad Católica Santa Teresa de Jesús".

Dichas nominaciones, elegidas como iconos educativos, culturales y sociales, nos permiten ahora, por su trascendencia histórica, articular singulares afinidades con ellas.

Así, observamos que el historiador Armando Escobar y Olmedo, con quien departimos en Morelia en el viaje de hermanamiento con Ávila, fue el coordinador y consejero editorial de las publicaciones "Don Vasco de Quiroga, legislador, hombre de la justicia y el derecho" y "Sor Juana Inés. Inundación Castálida, 1869. La equidad de género, el derecho a la educación y la libertad de expresión" (LXI Legislatura de la Cámara de Diputados de México, 2011):

«[Ambas tienen] especial relevancia para la conformación de la memoria histórica, tanto del Poder Legislativo Federal como de la cultura política nacional. [Se trata de] dos personajes muy importantes en el surgimiento, amalgamiento y conformación de la vida de nuestro México, uno en sus orígenes, don Vasco de Quiroga, siglo XVI, y otra, Sor Juana Inés de la Cruz, en la parte final del siglo XVII».

Además, Don Vasco de Quiroga, es sinónimo de justicia social, defensor y luchador por los derechos humanos, protector de la dignidad del hombre y un precursor de los derechos sociales. Y Sor Juana Inés de la Cruz, como se dice en el título del libro, es la primera defensora de la igualdad de género, del derecho a la educación y de la libertad de expresión, además de escritora.

Por otro lado, algunos autores resaltan las similitudes existentes entre Sor Juana Inés de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, dejando al margen sus diferencias, pues ambas son ejemplo de lucha en favor de la mujer, como constataron Erika Martínez Cabrera ("Sor Juana y Santa Teresa: dos ventanas, una luz", II Congreso CELEHIS, 2004); y Jean Michel Wissmer ("Santa Teresa y Sor Juana: el diálogo de dos hermanas", La Colmena 47/2005).

En los últimos años, dando un salto en el tiempo, comprobamos que la poetisa mexicana Minerva Margarita Villareal, que en Ávila estuvo presente en la revista El Cobaya (nº 23-25/2015), fue la ganadora en 2010 del "Certamen Internacional Sor Juana Inés de la Cruz" convocado por el Estado de México, y en 2016 mereció "Premio Nacional de Poesía Aguascalientes" por el libro "Las maneras del agua": Madera de Ávila.

«Hace días nació Teresa/ lloviendo bajo algún techo de oscuridad./ Su ráfaga de fuego/ su luz dormida/ su cascabel de abril despertando el mañana/ se enlaza».

Igualmente, destacamos que Sor Juana Inés de la Cruz da nombre al Premio de novela en español escrita por mujeres, auspiciado por la "Universidad del Claustro de Sor Juana", la cual se concede en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara (México).

De la misma manera, el Ayuntamiento de Ávila convoca y patrocina los "Premios de las Letras Teresa de Ávila"; y en la FIL de 2010, donde Castilla y León fue la invitada de honor, uno de los debates organizados giró, precisamente, en torno a la poesía de Santa Teresa de Jesús y de Sor Juana Inés de la Cruz.

Así mismo, se da la circunstancia de que el "XIX Premio Sor Juana Inés de la Cruz" fue concedido en 2011 a la escritora madrileña Almudena Grandes, por la novela "Inés y la alegría", también galardonada ese mismo año con el "Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska" que concede el gobierno de Ciudad de México.

La obra, ambientada en la posguerra española, es, según el Jurado, una novela ambiciosa y equilibrada, con matices galdosianos, protagonizado por una luchadora heroína.

De nuevo estamos en Morelia, cuando Luis García Montero visita la ciudad en 2005: «Una mañana que no podía dormir salí a pasear por las calles de esta maravillosa ciudad. Caminé hacia el orfanato donde pasaron su infancia aquellos niños.

Al regresar al hotel escribí un poema que llamé Morelia», dedicado a los niños huérfanos que en 1937 tuvieron que huir de la Guerra Civil española, con agradecimiento a la generosidad del país y la ciudad, que les recibió con los brazos abiertos:

«El sol abre los ojos/ y puede ver la infancia de un país/ que huye de la guerra,/ que cruza el mar,/ que desciende del barco,/ como la historia, en fila,/ con su maleta de cartón,/ con sus recuerdos/ sin estatura y para siempre,/ mientras ordena el equipaje/ en la ciudad que la recibe./ Valladolid. Morelia./ Suave patria».

García Montero regresó a Morelia en 2010, en el homenaje que se le rindió en el "XII Encuentro de Poetas del Mundo Latino", al tiempo que recibía su prestigioso premio en Aguascalientes, el cual dedicó a los "Niños de Morelia".

De nuevo regresó a la capital michoacana en 2018, coincidiendo con la XX edición de un nuevo encuentro poético y con motivo de la presentación de su poemario moreliano en la Feria Nacional del Libro y la Lectura.

La ciudad de Ávila, por su parte, recibió a García Montero en el auditorio municipal de San Francisco en el acto organizado por la asociación "Ávila Abierta" de presentación de su segunda novela, "No me cuentes tu vida" (Planeta, 2012), donde "rescata el paisaje sentimental de la transición a través de la vida de tres generaciones" consagrándose como novelista.

García Montero y su esposa Almudena Grandes vuelven a la FIL de 2017, donde felizmente "mantuvieron un mano a mano sobre poesía y prosa, amor y matrimonio".

Poco después, la fatalidad de la muerte de la escritora madrileña nos sorprende en Morelia en las mismas fechas de su hermanamiento con Ávila. Leemos la noticia en la prensa que luce en los kioskos de los soportales de la calle Francisco Madero con el siguiente titular: «Literatura dice adiós a la pluma de Almudena» (La Voz de Michoacán, 28/11/2021).

Y los mismo ocurre en toda la prensa mexicana que luego seguimos: «Almudena Grandes, entre la historia y el erotismo» (Excelsior, 28/11/2021), «FIL Guadalajara despide a Almudena Grandes con ?Noches de boda' de Joaquín Sabina» (El Sol de México y El Universal, 1/12/2021).

Al mismo tiempo, sorprende el éxito de ventas de la escritora en las librerías de Morelia, como vemos en las cercanas librerías Hidalgo y Madero, que comparten su rico fondo con obras de Sor Juana Inés de la Cruz y de Santa Teresa.

Parece que aquí se hizo bueno el consejo de Luis García Montero, director del Instituto Cervantes desde 2018: «Apoyar las librerías y los libros es preservar un valor esencial en democracia. ¿Quién no conserva un buen consejo de Machado, de Camús, de Elsa Morante o de santa Teresa de Jesús?».

Siguiendo con las convocatorias literarias conmemorativas, en las que Ávila, Morelia y México se interrelacionan a través de la escritura, nos detenemos esta vez en el "Premio de las Letras Teresa de Ávila", como antes lo hicimos amparados en Sor Juana Inés de la Cruz. Y en Ávila nos encontramos con el escritor mexicano Arturo Azuela Arriaga (1938-2012), portavoz del jurado del premio abulense que concedió el galardón al escritor Fernando Arrabal Terán en el año 2000.

De la larga trayectoria intelectual de Azuela recordamos su conversación con su paisano Enrique Cárdenas de la Peña, uno de los más profundos conocedores de grandes figuras como Vasco de Quiroga, de quien se ocupó durante años como creador de doctrinas y defensor de lo indígena:

«Platicábamos mucho de este personaje al que consideraba clave para comprender la hermandad entre los hombres, además de charlar sobre historia y filosofía. Su obra necesita volver a ser estudiada porque es vasta y extraordinaria, porque abarca desde la medicina y la filosofía, hasta la historia y la poesía, intereses que mantenía por tratarse de una mente universal».

Finalmente, el recuerdo de Azuela permanece en el recuerdo del merecido homenaje rendido en Morelia por el Gobierno del Estado de Michoacán en atención a su dilatada trayectoria académica y literaria.

El siguiente reencuentro con la escritura y el "Premio de las Letras Teresa de Ávila" nos llega a través de la poesía del galardonado en 2004 Juan Gelman (Buenos Aires, 1930 ? Ciudad de México, 2014): «No se entra en la poesía por voluntad propia sino por voluntad de ella», dijo agradecido, a la vez que comparaba sus vivencias en el exilio con la vida de Santa Teresa de la que elogió el libro de "Las Moradas".

Igualmente, al recoger el Premio Cervantes de 2007, Juan Gelman insistió en su discurso:

«Santa Teresa y San Juan de la Cruz tuvieron para mí un significado muy particular en el exilio al que me condenó la dictadura militar argentina. Su lectura desde otro lugar me reunió con lo que yo mismo sentía, es decir, la presencia ausente de lo amado, Dios para ellos, el país del que fui expulsado para mí.

Y cuánta compañía de imposible me brindaron. Ese es un destino ?que no es sino morir muchas veces', comprobaba Teresa de Ávila. Y yo moría muchas veces y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desaparecido que agrandaba la pérdida de lo amado».

A ello, añadimos que Terea de Jesús y Juan de la Cruz se veneran en Morelia en el actual templo del Carmen del antiguo convento convertido en la Casa de Cultura.

Al año siguiente de recoger el premio de las letras abulenses, Juan Gelman interviene el 21/10/2005 en la mesa de lectura celebrada en el Teatro Ocampo de Morelia, dentro del "Encuentro de Poetas del Mundo Latino" y así se retrata: «Nadie debe hacer ruido en el secreto corazón. Amo las apariencias del no ser normal.

La verdadera nada es el espejo que envenena los rostros de deseo, convierte a la memoria en cuerpo fugitivo de la unión. Desde que nací estoy lleno y vacío de mí mismo y así conozco que la verdad más inocente es un destino».

Finalmente, a la muerte de Juan Gelman, el 18/01/2014, también llorada en Ávila, sus cenizas fueron esparcidas en México, en Nepantla, cuna de Sor Juana Inés de la Cruz, en la falda de los volcanes, tal y como fue su voluntad de reposar junto a la admirada y querida poetisa mexicana.

(Jesús Mª Sanchidrián Gallego)
Artículo publicado en el Diario de Ávila.