
ABR 302013 MENSAJE DEL SR. OBISPO DON MIGUEL PATIÑO VELÁZQUEZ, DE LA DIÓCESIS DE APATZINGÁN AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, A LOS GOBIERNOS, A LOS CONGRESOS, A LAS TELEVISORAS, A LA SOCIEDAD CIVIL Y A LOS FIELES CRISTIANOS. "ALCEMOS LA VOZ" 1.- LA REALIDAD Tensión, miedo e inseguridad por la presencia habitual de grupos fuertemente armados irrumpiendo en la vida y las actividades cotidianas de la gente de bien en las comunidades. Incertidumbre permanente, rabia e impotencia, en los empresarios y trabajadores del campo y las ciudades, ante la constante amenaza del eventual cierre de negocios con lasconsiguientes pérdidas económicas para todos y eventualmente la pérdida de trabajo. Lo anterior se agrava a causa de la extorsión a la que se ven sometidos tanto los trabajadores como los patrones. Las consecuencias para la economía y el bienestar son insoportables: el incremento del desempleo, la falta de recursos para atender necesidades elementales como son el alimento y la salud. La vida y los quehaceres ordinarios se ven interrumpidos violentamente, así como la asistencia a las escuelas. Además del miedo y la inseguridad se incrementan el hambre y la miseria. Hay un permanente sentido de indefensión y vulnerabilidad ante la evidente ineficacia de las autoridades federales, estatales ymunicipales para garantizar la seguridad, el orden, el derecho a la movilidad,y en general a la actividad social y económica ordinaria de la población. Aquel sentido de indefensión se hace desesperación, rabia y miedo a causa de la impunidad en la que obran los delincuentes, a causa de la misma ineficacia y la debilidad de las autoridades, pero sobre todo de la complicidad (forzada o voluntaria) que se da entre algunas autoridades y la delincuencia organizada; hecho que a muchos consta y del que nada se puede decir por obvias razones. Los medios de comunicación contribuyen a incrementar el sentido de desamparo total, pues muchas veces su información es sesgada, parcial, no solamente inexacta, sino en mucha ocasiones falsa, manipulada y manipuladora. Es desesperante escuchar la versión "oficial" que intenta y no pocas veces logra banalizar la gravedad de los hechos y las situaciones que tiene a la población de "rodillas". La mentira, la manipulación a la verdad y la desinformación parece ser el pan de cada día. 2.- LAS POLICÍAS COMUNITARIAS. No extraña pues el surgimiento de las llamadas "Policías Comunitarias". Estos grupos (infiltrados o no) son signo y consecuencia del hartazgo de la población ante el flagelo de la extorsión cada vez más generalizada entre la población y el abuso, la prepotencia y el cinismo de los operadores de ese acto criminal. La falta de trabajo, la miseria y el hambre como consecuencia de ese crimen. Pero sobretodo es el sentimiento de desamparo total en el que se encuentran esos pueblos, ante la debilidad, la ineficacia, la complicidad y hasta el descarado abandono de la población por las autoridades gubernamentales en la garras de la delincuencia organizada. 3.- ¿QUÉ HACER? En primer lugar, un reclamo fuerte y claro a las autoridades Federales, Estatales y Municipales, para que se hagan presentes y escuchen y asuman su deber de devolver y garantizar a los pueblos, su derecho a la seguridad en todas partes, en sus hogares, en las calles, en los lugares públicos; a la libre movilidad, al desempeño de sus labores sociales y económicas como son la educación, el descanso, la recreación, la sana diversión, el trabajo, el comercio. En fin su derecho a la búsqueda del progreso y el bienestar personal y social por el camino de la justicia, la libertad y el trabajo honrado, en un ambiente de seguridad y de auténtica paz. No podemos dejar de dirigir nuestros reclamos al gobierno en todos sus niveles: a las autoridades Municipales, al Gobernador del Estado, a nuestros representantes en el Congreso Estatal y Federal, al Presidente de la República. De los diputados y senadores, quienes hemos elegido para ser nuestros representantes en los Congresos Estatal y Federal, queremos no solo escuchar sus declaraciones y opiniones, lamentaciones, protestas, denuncias mediáticas y demás, hechas desde la cómoda seguridad de sus curules en los recintos del Congreso Estatal y Federal. Queremos verlos presentes, como lo hicieron durante sus campañas para pedir el voto de los ciudadanos, escuchando directamente las quejas y los reclamos de las poblaciones cansadas, hartas, frustradas ante tanta ineficacia y abandono del Gobierno. A los Medios de comunicación Social, públicos y privados debemos de exigir que informen con verdad y objetividad. Para los que vivimos esta situación resulta desalentadora, injusta y enojosa escuchar a los Medios describir un estado de Michoacán paradisiaco, y otorgar alabanzas y reconocimientos a la eficacia de un gobierno que, al menos en nuestra región, brilla por su ausencia. Entendemos que los MCS regionales y locales realizan un trabajo riesgoso, acotado por la censura que les imponen los grupos delincuenciales o por la autocensura bien explicable. De esta manera tenemos una población acosada y oprimida, sin la voz que debiera ser para ella los MCS. Además de hacer oír sus reclamos y justas exigencias al gobierno, la gente de bien, que es la inmensa mayoría, debe tener una actitud firme, fundada en la verdad, la honestidad, la libertad, la justicia y la Fe. Nunca se ha de rendir la mente y el corazón a estas lacras deshumanizantes. No se puede aceptar vivir como normal en una situación de violencia y abuso. No se debe permitir que el engaño y la mentira crezcan llegando a tomar como verdad lo que es mentira, lo que es justicia y libertad con lo que es abuso prepotente y sometimiento al poder violento del crimen; nunca se ha de confundir los valores con los antivalores, la paz de los sepulcros con la paz de la justicia y la verdad; no hay que confundir la auténtica verdad con la hipocresía, ni la falsa heroicidad con la lucha por los valores; hay que combatir enérgicamente las aberraciones de confundir la voluntad de Dios con los caprichos demoníacos de simples hombres y la auténtica santidad con el endiosamiento de la prepotencia hipócrita y soberbia. Esta actitud interna es una postura de resistencia pacífica que debe ser comunicada, contagiada, sobre todo a los jóvenes y a los niños. Finalmente, los cristianos debemos de recurrir a la fuerza de la oración personal y comunitaria, nuestro claro testimonio de vida cristiana y la superioridad de los valores humanos, morales y cristianos. Hemos de confiar en la presencia protectora del amor misericordioso de nuestro Padre que sigue dándonos a su Hijo Jesucristo, camino de verdad y de vida, bajo la guía del Espíritu Santo, y la intercesión de nuestra Madre la Santísima Virgen de Guadalupe, nuestra Reina de México. DALO A CONOCER Y ALZA LA VOZ. |